FLORES Y NUDOS

Mientras espero el ascensor comienzo a pensar las palabras exactas que decirle, no quiero hacerle daño, no se lo merece, siempre ha sido, y es, tan bueno conmigo…Siempre tan atento, tan detallista, tan considerado, tan educado, tan galante, tan,…tan perfecto. Pero entonces ¿por qué NECESITO dejarle?

Se abre la puerta del ascensor y tardo unos segundos en reaccionar y entrar, no se porqué me viene a la cabeza el ramo de flores que cada día me encuentro en el mueble de la entrada de casa, siempre con la misma nota, un TE QUIERO que me atormenta, que resuena una y otra vez en mi cabeza, sobre todo cuando me tumbo a su lado en la cama, me besa, abraza,…

Pulso al 8º y un escalofrío me recorre el cuerpo a la vez que recuerdo el día en que nos mudamos a esa casa, hará ahora 1 año, creo que fue por esa época cuando comencé a plantearme la relación con Javier, a sentirme culpable por no corresponder a su entusiasmo, a no comprender qué es lo que falla en una relación en la que él me lo da todo, siempre está pendiente de mi, dejándome mi espacio, tal y como siempre he “exigido”, pero apareciendo justo en el instante preciso, diciendo la palabra adecuada en cada momento, apoyándome en todas mis decisiones, incluso sabiendo que me equivoco, perdonando mis malas contestaciones, respetando mis silencios interminables, admirando mis virtudes en cada momento, AMÁNDOME…sigo sin entender cual es el problema, pero algo no va bien, ¿qué? siempre llego a la misma conclusión: el problema soy YO! Pero no aguanto más, necesito sentirme viva como esas flores que veo cada día, pero cuanto más frescas están ellas más me marchito yo, siento una tristeza infinita, debería estar en una nube y en cambio me hundo irremediablemente en un sentimiento de culpa insoportable. No sé el motivo, no consigo encontrar la forma correcta de hacerlo, pero de hoy no pasa, hoy le dejo, tengo que hacerlo!

La puerta del ascensor se abre, el nudo que lleva meses instalado en mi estomago late como si tuviese vida, saco las llaves del bolso, estoy temblando, abro la puerta, me sorprende que no hay flores en la entrada, intento andar de forma firme y decidida, pero apenas consigo dar unos pequeños pasos por el pasillo, entro en el salón, el ramo de flores está aún apoyado en el sofá junto a una chaqueta, ¿de mujer? Levanto la vista y en el reflejo del espejo veo a Javier en la habitación,…el nudo desaparece!

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