PANTUMACA BIS





La semana pasada me tocó de nuevo hacer de Willy Fog por motivos laborales y me volví a acordar de las palabras de mi madre cuando le conté que en la entrevista de trabajo me habían dicho que tendría que viajar de vez en cuando, e inocente de mí me pareció lo mejor de lo que me estaban ofreciendo.

Varios años y muchos acontecimientos después, cuando tengo que hacer alguno de esos viajes de de vez en cuando (que a veces son más en cuando que en vez), extrañamente (para mí) echo de menos las cosas más triviales y rutinarias de mi vida, como ir a trabajar a la oficina que tan poco me gusta y sentarme delante del ordenador en “mi sitio”, comer en casa (eso sólo en verano) cualquier cosa preparada en 10 minutos o las sobras del día anterior. Añoro disponer de esas horas del día que el trabajo te deja para ti y gastarlas sacando la ropa de verano, poniendo lavadoras, haciendo la compra en el mercadona (si Esther soy una maruja) o dejando todo eso sin hacer para ir a tomar unas cañitas con algún amigo/a a las terrazas de lavapiés (todavía tengo salvación). Creo que por esa añoranza, me paso gran parte del tiempo que me deja el trabajo cuando estoy fuera de casa, hablando por teléfono con toda esa gente con la que me debo unas cañitas en el barrio.

Pero este viaje ha sido un poco diferente. Por un lado me he reencontrado con algún compañero con el que tenía algún tema pendiente y aunque no hemos podido tener esa conversación que nos debemos hace tiempo, sí ha habido miradas, que a veces son más claras que las palabras (quizás la próxima vez nos podamos tomar ese algo).Y por otro lado, aprovechando el viaje, me quedé el fin de semana para encontrarme allí con COMOYO (o el chico que hace que mis ojos brillen) y pasear por las calles de Barcelona y ver juntos lo que un día descubría sola.

Cada vez que he ido a Barcelona he conocido a alguien especial, al chico del Ka que vino a Sevilla a enseñarme los aviones, al chico del taxi que vino a Madrid en avión,…por eso mientras organizábamos el viaje, pensé que quizás debía hacer caso a Sabina en aquello de que al sitio donde has sido feliz no debieras tratar de volver, pero en este caso no le di la razón y he disfrutado reencontrándome con algunos sitios con una realidad personal muy distinta, recordando a veces en voz alta y otras en voz baja, filosofando sobre las bicis en la ciudad, imaginando vivir en esta calle o aquella, comiendo tortillas inmensas, tomando mojitos a cualquier hora y descubriendo nuevos rincones a los que quizás no debiera tratar de volver.




No hay comentarios: